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9 de febrero de 2012

RESUMEN Y ANÁLISIS DE LA CAUTIVA, DE ESTEBAN ECHEVERRÍA


RESUMEN Y ANÁLISIS DE LA CAUTIVA, DE ESTEBAN ECHEVERRÍA




La cautiva, poema publicado en 1837 dentro del volumen de Rimas, tuvo un éxito inmediato, consagrando la  implantación del romanticismo e incorporando el paisaje argentino a la gran literatura, dando lugar a una tendencia denominada la poesía gauchesca culta.


Tema- Resumen del argumento: el tema de La cautiva gira en torno al rapto de una cristiana por los indios y de todas las penurias que esta sufre en el desierto para escapar de la inhumana tribu y salvar de la muerte a su esposo.

Un soldado, Brian, preso de los indios, es rescatado por la valiente María, su mujer, cautiva e los salvajes. En medio de un horrendo festín, los desdichados huyen al desierto, descripto al comenzar el poema. Brian está herido y  María afronta todos los riesgos para salvarlo. Se refugian en un pajonal y descan­san, pero un incendio agrava su situación. María se multiplica. Salva otra vez a su esposo haciéndole cruzar el río, pero sus esfuerzos son inútiles. El guerrero muere en pleno delirio.María no desfallece; sigue  a tierra de blancos en procura de su hijo, que la restituirá a la vida, pero los soldados de Brian que la rescatan le anuncian su muerte. La infeliz no resiste y muere.

Los personajes: La primera aproximación re­vela una idea ortodoxamente román­tica: una mujer, María,  fuerte por el amor, idealizada hasta convertirla en una heroína, ligada a la existencia por el sentimiento, esa veta recién descu­bierta y que de tal modo inspiró y exaltó a los románticos: Dios para amar, sin duda hizo / un corazón tan sensible; palpitar le fue imposible / cuando a quien amar no halló. 

Es una mujer esposa y madre, pura e intachable, protectora, asexuada.
Co­mo contraparte, Brian representa el tipo del héroe cansado", caracterís­tico del romanticismo, o sea la pura pasividad que encierra una idea matriarcal de la organización de las relaciones. Esta distribución de papeles corresponde a la idealización romántica: la mujer como nexo con la naturaleza y la divinidad.
Ambos no pueden evadirse de sus destinos. Buscan en la tierra la libertad  para vivir su verdadero amor y solo la hallan en la muerte, a la que los conduce la hostil soledad del desierto.
El triste fin del poema responde, esencialmente, al conflicto que plantea el poema entre el blanco y el indio, civilización y barbarie.

Estructura: La estructura de la obra es creación exclusiva de Echeverría. Consta de nueve partes y de un epilogo, que suman en total 2134 versos.
Cada canto está encabezado por un epígrafe, el cual resume lo que luego se desarrollará.

Partes- Contenido- Versificación- Número de versos

I-EL DESIERTO: El poeta describe el desierto en la hora del crepúsculo. Después de haber asaltado y saqueado una población, los indios regresan triunfantes con sus cautivos, entre los que se encuentran el capitán Brián y su esposa María.
Versificación: Décimas caprichosamente rimadas- 
Número de versos: 180

II_ EL FESTÍN: La tribu sacia su placer en la bebida, el canto y la sangre, hasta caer en profundo sueño.
Versificación: Romance. Romancillo
Número de versos: 274

III: EL PUÑAL:  María trata de liberar a su esposo herido. Para ello toma un puñal, que se convierte en símbolo de su salvación. Los indios han matado al hijo y a los padres de María. El desierto los espera.
Versificación: Décimas
Número de versos: 330

IV: LA ALBORADA: Amanece, la tribu duerme. El hombre blanco prepara su venganza y se arroja sobre ella. La muerte reina por doquier. Las cautivas gozan de su libertad. Nadie halla a Brián.
Versificación:  Octavas que se quiebran en la frecuente sextina de Echeverría, mezcla de dodecasílabos y de hexasílabos.
Número de versos:106

V: EL PAJONAL: Brián y María vagan por el desierto. Con las primeras luces el alba llegan a un inmenso pajonal. María trata de confortar a su esposo con el agua de un arroyo y algunos alimentos.
Versificación: Romance: rima sin cánones fijos
Número de versos:177

VI: LA ESPERA: La noche los inmoviliza. Brián, vencido por el dolor, descansa a orillas del arroyo. María espera un nuevo amanecer. su amor le da fortaleza. Se anuncia el tema de la siguiente parte: la quemazón. Aparece un tigre como presagio de fatales peligros. María toma el puñal.
Versificación: Romane y décimas
Número de versos: 120

VII: LA QUEMAZÓN: Comienza otro día. Se produce la horrible quemazón de los pastizales. Con la fuerza que solo su amor le comunica, María atraviesa la corriente sosteniendo con uno de sus brazos a Brián. En esa circunstancia se agiganta su figura. El fuego se extingue, finalmente, en la orilla del arroyo.
Versificación:Versos octosílabos y hexasílabos.
Número de versos: 191

VIII: BRIÁN: Pasan dos días. Brián y María se encuentran en el pajonal. El joven capitán sufre alucinaciones. La abnegada esposa siente el abandono y la soledad en que se hallan. Aparece el tigre. María toma el puñal, pero la fiera, como movida por la compasión, sigue su camino. Brián muere.María, profundamente angustiada, se desalienta.
Versificación: décimas irregulares y octavas rimadas a gusto del poeta.
Número de versos:306

IX: MARÍA: María entierra a su esposo. Luego parte, agobiada por tanto dolor. Vaga por el desierto noches y días. Encuentra en su camino una partida de soldados cristianos, a quienes les pregunta irreflexivamente por su hijo. Ellos le dicen que ha muerto degollado por los indios. Entonces, María muere, víctima del más hondo de los sufrimientos.
Versificación: Décimas irregulares y octavas rimadas.
Número de versos:346

Epílogo: El poeta exalta el heroismo de María y alude a la leyenda popular que cuenta que, por la noche, dos luces vagan en el desierto y, al amanecer, regresan a su triste asilo.
Versificación: Octavas.
Número de versos:104


El vocabulario es culto; aparecen algunos sustantivos de origen indígena que el poeta anota: toldería, yajá, ranchos, fachínales, huinca, valichu, bolazo, ñacurutú, pajonal, parejero. Estas voces enriquecen el medio histórico-geográfico de la obra.



Fondo de histórico de La cautiva
En La cautiva, Echeverría presenta  al indio como un peligro total para la civilización. En su poema no hace más que recoger, en realidad, un  tema usual en el campo cercano a las zonas de indios. Desde casi mediados del siglo anterior, los araucanos, llamados pampas cuando se radicaron en esas tierras atraídos por las manadas de vacunos y caballos que vagaban sueltos y sin dueño, devastaron las poblaciones y los establecimientos, que desenvolvían precariamente su existencia. 

Realizaron los "malones" depredando las magras riquezas de los colonos y secuestrando especialmente a sus mujeres. Constituyeron el más grave problema que tuvo la zona Sur del país hasta 1880, fecha en que fueron batidos definitivamente por el general Roca. Este problema llegó sin duda hasta las proximidades de Luján, el sitio más próximo a Buenos Aires a] que llegaron los indios. 

Echeverría debió conocerlo de cerca, y debió parecerle excelente para utilizado como fondo histórico de su poema, en el cual se trata justamente el tema de este conflicto y esta tragedia perpetua entre los aborígenes y la Nación.




8 de febrero de 2012

Análisis de la novela Cainama, de Rómulo Gallegos


Análisis de la novela Cainama, de Rómulo Gallegos

Marcos Vargas es el personaje principal. Es un hombre fuer­te, con una gran confianza en sí mismo, dotado de un alto espíritu de justicia y que va despertando la admiración y la sim­patía por dondequiera que pasa. Parece reunir todas las condi­ciones para ser el dirigente popular. Sin embargo, como la mayoría de los hombres nacidos en Guayana o que vienen a él de otras regiones, Marcos Vargas se siente dominado por el ansia aventurera y el deseo de hallarse a sí mismo en la hazaña per­sonal. Actúa movido por la angustia del que no ha encontrado su camino y buscándolo, desgasta sus energías en acciones inúti­les, como los ríos inmensos de Guayana que se debaten con furia entre las rocas que los ciñen: fuerzas naturales y humanas que se pierden para el provecho de la nación.
Los diversos conflictos que encontramos a lo largo de la no­vela no son sino episodios de una lucha entre lo humano y lo salvaje. Como en todas las obras de Gallegos, en ésta el drama del hombre, el conflicto interior, va a ocupar un plano principal.
 La lucha entre las potencias del Bien y del Mal -evidentes en el drama de doña Bárbara y de Santos Luzardo-, se desencadena en el alma de Marcos Vargas, así lo vemos moverse entre un senti­miento de justicia que lo lleva a acusar ante la ley al asesino de Manuel Ladera, o a valerse de una treta para evitar que se des­poje a una humilde mujer de lo que en rigor le pertenece,  y un exagerado sentimiento de la hombría, que lo lleva a medirse con otro hombre y a dejarlo tendido de un balazo.
 El péndulo de su vida interior toca dos extremos: de un lado, el espíritu de aventura que lo arrastra hacia lo desconocido con la única finalidad de probar una emoción nueva, en la selva misteriosa, en el lance personal; y del otro, la necesidad consciente de un camino, de un ideal que dé sentido a su vida. Para saber cuál es ese camino y seguirlo, se requiere  conocimiento y vocación, voluntad y ac­ción.
Marcos Vargas tiene vocación para las grandes obras, pero le falta el conocimiento claro de lo que debe hacer, y sobre todo, voluntad: del colegio adonde lo envió su madre regresó dominado por la fiebre de la aventura.
 Esto es el comienzo de una serie de empresas dejadas a medio andar: la explotación cauchera de los Vellorini, que dirigía en la selva y que pudo ser el comienzo de  una acción a favor del peón cauchero; la unificación de las tribus contra la avaricia del blanco; y tantas otras posibilidades entrevistas un rato, o en las cuales apenas pensó. Cuando Gabriel  Ureña, ese otro destino trunco -no por falta de conocimiento, sino de energía, de la energía que le sobraba a Marcos Vargas, ­le señala  el camino, ya es demasiado tarde:
Esto ya lo  había intuido Marcos Vargas, pero no se había en­tregado ni se entregaría a la obra que le estaba señalada: su vida tenía una misión que él rehuía. Una acción loca y suicida tra­taba de  acallar la voz interior de su espíritu: por las corrientes vertiginosas de los ríos selváticos se deslizaba su canoa mientras él, dirigiéndola, desafiaba con su grito a la muerte. Su nombre, en boca del pueblo, iba a ser propiedad de la leyenda.
El conflicto interior  de M. Vargas, visto así, es, en el fondo, un episodio de la lucha entre el hombre y la naturaleza; entre lo  huma­no y lo salvaje. Aquel sentimiento de justicia, aquella bondad que lo hacía desprenderse de lo suyo para darlo a otros y aquel deseo de hacer algo grande, constituyen la cualidad propiamente humana de su espíritu. La energía sin control y el afán de aventura gastados en la afirmación de “hombre macho”, es lo salvaje, lo selvático, ambas tendencias en permanente lucha interior.
En Guayana, el machismo es una deidad tiránica a la cual todos rinden culto: los Ardavín, que son los caudillos de la región; Cholo Parima, el temerario bandido; el "sute” Cúpira, cacique de toda la región del Cuyuní. Estos hombres son producto del  medio y actúan al margen de la ley, guiados por sus propios  designios y basados en la autoridad del revólver.
Poseído por el deseo de su propia afirmación, Marcos Vargas también rinde culto al “machismo” y mide sus fuerzas con cada uno de estos hombres. Los vence a todos: mata a pantoka, Humilla a José Francisco Ardavín, se le impone al “sute” Cúpira.
Mide también sus fuerzas con la selva, que es un vasto escenario donde luchan dos divinidades: Canaima, dios sombrío y destructor; y Cajuña, dios bueno. Canaima es el más poderoso y resulta vence­dor --aunque la lucha es interminable-. Sus armas son: la culebra “Cuiama”del veneno veloz, el veinticuatro, la arañamona, las fie­ras, el purguo y el oro. Estos dos últimos traen la explotación y el odio entre los hombres.
Contra Marcos Vargas, el hombre que osa desafiarlo, Canaima envía la Tempestad, que se retira vencida por el hombre y por el árbol; envía a los hombres que son su he­chura, y de nuevo aquél resulta vencedor. La aventura del caucho tampoco lo destruye, ni la del oro. Entonces el dios lo ataca desde adentro. En los silencios misteriosos de la selva, cuando el espíritu se recoge en sí mismo y el hombre parece un árbol, Canaima invade el alma de Marcos Vargas, se apodera de él y dirige sus acciones. Comienza aquel loco navegar por los ríos vertiginosos, en constante desafío a la muerte; aquel ensimismamiento entre los árboles, hasta semejar él mismo uno más entre ellos. Es el Marcos Vargas de la leyenda, personaje de cuentos y aven­turas en boca del pueblo. El Marcos Vargas real, vencido por Canaima, se sepulta en una tribu; y en un último esfuerzo con­tra el dios, que es también la postrera afirmación del hombre en esta lucha entre lo humano y lo salvaje, envía a su hijo a Gabriel Ureña para que éste lo haga civilizado. Marcos Vargas abriga la esperanza de que este hijo cumpla la misión que él equivocó.
De cierta manera, el conflicto entre las fuerzas del bien y del mal en el hombre es una continuación de la lucha entre las divinidades selváticas. Quien haya penetrado en ese mundo alucinante de la selva que comienza en el capítulo XII de Canaima y cuya misteriosa atrac­ción se viene ejerciendo sobre el lector desde las primeras pági­nas, conservará como recuerdo de la lectura, un conjunto de  imágenes y  situaciones en continuo movimiento, que se vuelcan violentas en el instante dramático. Y todo el escenario envuelto en una media luz y en un silencio medroso, propicios al hecho mágico, a la intervención de lo extraordinario. Esta impresión ha sido artísticamente realizada por Gallegos, mediante una imagen religiosa, de modo que todo ese caos de la selva, descrito con toda su intensidad dramática en Canaima, gira sobre el eje de una feliz imagen: la selva es como un templo y los árboles son las columnas que sostienen la inmensa ·bóveda verde -del follaje in terminable.
"¡Árboles, árboles, árboles! una sola bóveda verde sobre miríadas de columnas afelpadas de musgos, tiñosas de líquenes, cubiertas de parásitas y trepadoras, trenzadas y estranguladas por bejucos tan gruesos como troncos de árboles".
La selva es un templo bárbaro donde se libra la batalla entre Canaima -"sombría divinidad de los guaicas y maquiritares, el dios frenético, principio del mal y causa de todos los males"- y Cajuña el bueno. Todas las restantes acciones, los animales venenosos, la fiebre, el oro, el purguo, la tempestad, la locura, son sólo ,episodios de esta lucha titánica en la cual Canaima lleva la mejor parte.
La armonía persiste a lo largo de la descripción. En el mismo capítulo hallamos:
"la selva virgen es como un templo de millones de columnas, limpio de matojos el suelo donde la fronda apretada no deja llegar los rayos solares, solemne y sañuda en penumbra miste­riosa, con profundas perspectivas alucinantes".
Autores anteriores a Gallegos han comparado la  selva a un templo cuya bóveda está formada por la copa de los árboles y éstos son como columnas que la sostienen. La hallamos en José Eustasio Rivera al comienzo de la segunda parte de La Vorá­gine: "los pabellones de' tus ramajes como inmensa bóveda, siem­pre están sobre mi cabeza", y más adelante: "Tú eres la catedral de la pesadumbre  donde dioses  desconocidos hablan a media voz ... " Pero esto nada más: se trata de una misma idea expre­sada con un mismo elemento de comparación, pero desarrollada en forma diferente en una y otra obra. Rivera se queda en simple comparación, porque la psicología de prófugo de Arturo Cova está más en consonancia con otras imágenes: él va huyendo de la jus­ticia, hay en su espíritu la preocupación constante de sentirse perseguido, expresada con claridad en la pregunta: "¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde?" Esta preocupa­ción se evidencia, además, en la nostalgia por el hogar perdido, la cual se encarna en las imágenes familiares que alternan con las cosas y hechos de la naturaleza
De manera que a pesar de coincidir en cierto momento am­bos novelistas (Gallegos y Rivera) en su idea de la selva como un templo, el desarrollo del tema, en uno y otro, sigue rumbos distintos. 

7 de febrero de 2012

EL ROMANTICISMO HISPANOAMERICANO- CONTEXTO HISTÓRICO- CARACTERÍSTICAS


EL ROMANTICISMO HISPANOAMERICANO- CONTEXTO HISTÓRICO- CARACTERÍSTICAS


Aunque el Romanticismo hispanoamericano surge como una revolución estética, no sólo apunta a una libertad literaria, sino también política, considerada como meta de la "evolución de la sociedad".
¿Qué significa Romanticismo?
La palabra Romanticismo significa, etimológicamente, una concepción de vida se­mejante a la de los pueblos románicos, los primeros que desarrollan el genio de la Edad Media.
En la Inglaterra del siglo XVII se usa romantic para calificar los acontecimientos que sólo ocurren en las novelas. En Alemania, roman es sinónimo de novela, y romántico, "romantisch", quien cuenta, en forma oral o escrita, los hechos que conforman el mundo novelístico.
Pero Romanticismo adquiere su significado actual en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando nace en Alemania como movimiento individualista que se opone a la es­tricta sistematización, consagrada por los clásicos sobre la base de reglas y modelos invariables, en pro de la intuición, del sentimiento y de la espontaneidad.
Del alemán se transmite al francés ("romantisme", "romantique"), y de ahí al español y al italiano ("romanticismo", "romántico"); es decir, la nueva estética se difunde por Europa, donde siembra su afán por representar lo infinito y por buscar lo sublime; lo maravilloso y lo fantástico.
Esta verdadera insurrección contra el estatismo dieciochesco realiza el trágico es­fuerzo de religar la vida al ideal, para obtener la ansiada coincidencia entre el sueño y la realidad .

El Romanticismo hispanoamericano y la influencia europea –Contexto histórico
La literatura hispanoamericana se hace romántica por influjo de Europa. El 9 de diciembre de 1824 se libra la batalla de Ayacucho, que señala el fin de las guerras de independencia y, por ende, de la dominación española, y el establecimiento de las repúblicas. Los territorios que la Península poseía en América -excepto Puerto Rico y Cuba- nacen a la vida libre y se definen desde el punto de vista histórico, social y natural.
Desde la década de 1810 hasta 1870, la sociedad sufre cambios de importancia: queda abolida la esclavitud y la servidumbre de los indios; en el orden económico, se implanta el sistema liberal; se propician reformas educativas y se fundan escuelas; desde el punto de vista filosófico, es decisiva la influencia de Francia, Inglaterra y Alemania. El siglo XIX está dominado por el positivismo que sólo reconoce el método experimental y acepta como verdadero lo que puede comprobarse mediante la obser­vación.
El arte no muestra mayores logros: apenas sobrevive la pintura religiosa y sólo el retrato, característico de la época colonial, conserva su originalidad. Se importa de Es­paña y de Francia el estilo neoclásico. Méjico y la Argentina, los dos extremos del mundo hispanoamericano, desarrollan un arte relativamente propio a través de las crea­ciones de pintores "criollistas" y populares. El tema criollo, tratado por los artistas ­viajeros en el Río de la Plata, culmina en la obra del saboyano Carlos Enrique Pe­llegrini. La pintura descriptiva de tinte nacional está representada por hombres nacidos y formados en nuestro país: Carlos Morel (1813-1894) exalta la vida del gaucho y Pri­lidiano Pueyrredón (1823-1870) toma como tema de inspiración la sociedad platense de mediados de siglo . Desde Pueyrredón, la influencia italiana se une a la francesa, hasta el triunfo del impresionismo.
Respecto de la escultura, no manifiesta rasgos originales, pues los monumentos públicos son obra de artistas oriundos de Europa.
La música continúa la tradición colonial. Los organistas y maestros de capilla inter­pretan aún a Tomás Luis de Victoria (1540-1607 Ó 1608), a Juan Pierluigi (Palestrina) (1562-1594), a Juan Sebastián Bach (1685-1750) y a Francisco José Haydn (1732­-1809). Se escuchan óperas, sonatas, cantatas, misas, sinfonías y cuartetos.
El proceso político hispanoamericano conduce a la libertad de cultos, pero es más relevante la inclinación por el catolicismo. España deja de ser el camino que conduce la cultura europea a la América hispana; ocupa su lugar Francia, que se convierte en modelo digno de imitación.
A pesar de que las mencionadas manifestaciones artísticas no logran, durante el Romanticismo, optimar sus obras, la literatura, no ajena a los avatares de la política, encuentra, sobre todo en la poesía, un arma espiritual de combate para gritar su verdad. De ahí que los literatos hispanoamericanos sean también hombres entrega­dos, con auténtico apasionamiento en muchos casos, a la vida pública. Y, junto a la novedad del asunto, buscan la forma nueva para expresarlo. No se resignan a haber alcanzado la liberación política; anhelan también la intelectual, el nacimiento de una literatura nacional que los represente geográfica, física, humana, histórica y espiritual­mente, sin ligaduras con la española.

Introducción del Romanticismo en la América hispana
El Romanticismo, primer movimiento literario en la vida libre del Nuevo Mundo, llega a América a través de dos vías:
·la del Atlántico, con el escritor argentino Esteban Echeverría (1805-1851);
·la del Pacífico, con los literatos españoles Fernando Velarde (1821-1880) y José Joaquín de Mora (1782-1864).


Esteban Echeverría viaja a París en 1825 con el objeto de iniciar estudios de Física, Química, Matemática y otras ciencias, pero se siente atraído por la literatura, especialmente por la poesía que se cultiva en esa época, y a ella se entrega. Cuando regresa a Buenos Aires, en 1830, ya es un poeta que no oculta su admiración por Chateaubriand , Lamartine y Víctor Hugo. Los jóvenes que comulgan con la nueva orientación estética, reciben de él un Romanticismo de sello auténticamente francés. Su poema Elvira o La novia del Plata (1832) inaugura el Romanticismo en las letras argentinas, que no sólo se anticipan así a los demás países de lengua española, sino tam­bién a España, ya que su primera obra romántica, El moro expósito , de Ángel Saavedra Ramírez de Baquedano, duque de Rivas (1791-1865), data de 1833. De la Argentina, el movimiento se extiende a Chile y al Uruguay.
La segunda vía, la del Pacifico, introduce un Romanticismo de signo español , José Joaquín de Mora llega a la Argentina en 1826 y permanece aquí hasta la caída de Rivadavia; va, entonces, a Chile, desde donde viaja a Bolivia; más tarde, visita el Perú. Sus Leyendas españolas, en las que late el espíritu byroniano, son verdadero modelo para sus émulos.
Velarde reafirma los principios de Mora, pero, a diferencia de éste, es poeta grandilocuente y desbordante, y se lo respeta y admira como maestro. Divulga su poesía en Cuba, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Colombia y Guatemala, y, muy pronto, se convierte en ídolo de la juventud. Melodías románticas y Cánticos del Nuevo Mundo deleitan a no pocos principiantes; pero junto a la inspiración inagotable reinan también el desorden y el mal gusto. En 1861 fija su residencia en Nueva York y diez años más tarde, en Londres, donde muere en 1880.
Venezuela y Colombia, sin desconocer el nuevo ideario romántico, permanecen aún fieles al espíritu clásico, y Méjico, a los modos y motivos populares .

SUS ANTECEDENTES
Aunque se considera que 1830 es el año del nacimiento del Romanticismo hispanoamericano, hallamos, en obras anteriores, atisbos de la nueva sensibilidad . Así lo demuestran Andrés Bello (1781-1865), en Venezuela; Juan Cruz Varela (1794-1839), en la Argentina, y José María de Heredia (1803-1839), en Cuba, abordando temas como la  naturaleza americana (Andrés Bello, Alocución a la Poesía; la mujer ángel (Juan Cruz Varela, La  Elvira); el indio ( Juan Cruz Varela, En el regreso de la expedición contra los indios bárbaros, mandada por el Coronel D. Federico Rauch);la noche, la luna y las estrellas (José María de Heredia, En el Teocalli de Cholula).

 LA EMANCIPACIÓN ESPIRITUAL
Hispanoamérica desea tenazmente la reivindicación de una autonomía intelectual, la ciudadanía en política, en literatura y en arte. La divisa de la época es la libertad en todos los órdenes. Intenta desasirse, pues, de las tradiciones peninsulares, definir su cultura, mostrar su distinta realidad. Pero este antihispanismo no es tan severo como muchos lo consideran, ya que algunos de nuestros escritores, por ejemplo, hallan solaz en no pocas páginas de Espronceda, Larra, el duque de Rivas, Zorrilla y Bécquer. Sienten simpatía por la "Joven España", es decir, por el conjunto de hombres que en ese tiempo lucha en la Península por la renovación y por la libertad.
No obstante, América no quiere ser España ni Europa. Necesita expresar su persona­lidad mediante su literatura y así lo hace. Nace, entonces, el americanismo literario.

EN BUSCA DE LA VOZ DEL ALMA
El Romanticismo, a pesar de ser un movimiento predominantemente literario, se halla sustentado por una filosofía. El hombre no acepta su entorno, entonces lucha o se evade. Surge así, en la obra literaria, otra concepción de la realidad, que podríamos llamar realidad simbólica.
Los denominados temas románticos son verdaderos símbolos que ocultan un yo -ese imperio del yo - en pugna por ser lo que considera debe ser y que no en­cuentra su centro por estar demasiado encerrado en sí mismo. La suma de esos sím­bolos da a luz otro: la falta de libertad.
El romántico se siente cautivo , porque ese abismo entre lo que siente que es y lo que considera su deber ser lo coarta desde el punto de vista de la acción . Sepultado el edificio colonial, la sombra de la guerra, después de largas y costosas experiencias, el desorden político y moral, pesan sobre él y lo lanzan a la búsqueda de su mundo interior. De ahí su necesidad de proyectar en su entorno lo que vive dentro de sí: tristeza, melancolía, desilusión, impotencia, duda; suele refugiar su soledad en las sombras, símbolo de su confusión de valores, o en el lúgubre panorama de un pasado en ruinas, símbolo de una vida muerta que renace luminosa en el recuerdo, único asilo o "tercer reino"  para gozar, con los ojos abiertos, el sueño de la libertad.
La incapacidad para conseguir su ideal -su "flor azul", como Enrique de Ofterdingen, en el poema en prosa homónimo de Novalis , ­genera ese estado de alma. Desde su punto de vista, la realidad refleja un desorden; esto explica su violencia contenida o su rebeldía ante la falta de respuestas. No es feliz, porque no goza de la verdad. La felicidad se torna una infinita e irrealizable aspiración, trascendente al mundo. El romántico quiere reconstruir su vida -restablecer el orden perdido-, herida por tantos sufrimientos. El desolado presente es, entonces, su prisión; por eso recurre al pasado o al porvenir.
Sus características sobresalientes son:
·una existencia vacía y silenciosa;
·la eterna lejanía de la dicha;
·un fatalismo terrible: nadie puede huir de su destino;
·la superstición;
·su estada entre la vida y la muerte;
·el concepto de la eternidad como sombra pavorosa que todo lo envuelve.

Recurre, pues, a los siguientes temas-símbolos para proyectar su yo:

1) La naturaleza, prolongación de la sensibilidad . Hispanoamérica ama su naturaleza pródiga; nace en esta época un sentimiento regional. El paisaje que describe el romántico, simboliza su inmenso yo y le ofrece la pausa creadora . Se solaza en pintar su tierra, su suelo natal . No se trata de una descripción rigurosa y objetiva de su ámbito cotidiano; surge de una meditada selección de elementos del pasado, reunidos en torno de su valor afectivo . El paisaje exterior es espejo de su paisaje interior. Entre los escenarios preferidos por los románticos sobresalen la naturaleza y la ciudad, pero se inclinan por la primera y la muestran con fruición, generalmente en su forma salvaje, en libertad . Esa naturaleza sobrevive al hombre y sus obras; de ahí la referencia continua a las ruinas, a las tumbas y al cementerio.
El paisaje romántico carece de luz: la noche, apenas iluminada por una pálida luna o por las estrellas, es la hora del amor, del ensueño, la del vuelo hacia el ideal nunca alcanzado. También crea el clima propicio para la irrupción de lo terrorífico y de lo sobrenatural, sobre todo, cuando es azotada por una gran tempestad. A veces, el atardecer invita a la meditación y a las lágrimas. El mar suele aparecer como símbolo de libertad.
2) La valoración de la Historia. El tema político. El romántico se interesa por la historia nacional y por el porvenir político de su patria. Anhela el renacimiento de una patria más pura. Cuestiona la sociedad en que vive y toma postura ante sus problemas. En el Romanticismo argentino, Juan Manuel de Rosas aparece como el antihéroe, tirano cruel, insensible, frio, despiadado e inflexible con los que persigue. No pocos escritores lanzan su feroz diatriba sobre el que les usurpó la libertad y los alejó del solar amado. En la Argentina no es la historia, sino el porvenir, el que conforma la esencia nacional.
3) Ideales de libertad y de progreso. El romántico quiere ejercer su libertad sin amenazas ni limitaciones. Espontaneidad y autenticidad constituyen la fórmula que él defiende. La libertad política es un medio para lograr, a través del arte, una· libertad suprema que dé forma artística a la expresión apasionada e ineficaz del yo. No concibe la libertad de expresión sin la libertad política.
Además, su búsqueda es más honda: anhela también la libertad espiritual, es decir, liberar su mundo interior de las trabas que le impone la realidad exterior.
La idea del progreso, heredada del Neoclasicismo, enciende en el romántico el sueño de estar en el amanecer de una vida nueva y fecunda.
4) El amor a la patria. El destierro involuntario trae el recuerdo querido de la patria lejana.El regreso mitiga siempre, con la esperanza de un mañana promisorio, el dolor sufrido.

5) Voluntad de gloria. La búsqueda silenciosa de la gloria responde a su íntimo deseo de ser el centro del mundo que lo rodea, de perdurar en él.
6) El héroe. El Romanticismo ha creado más tipos que caracteres; de ahí que los personajes no presenten cambios psicológicos. Su conducta se ordena según un conjunto de notas fijadas definitivamente.
En general, el protagonista masculino es fiel a sus ideales políticos hasta la muerte; noble, apuesto, valiente, orgulloso, aunque, a veces, débil, celoso, melan­cólico, solitario, apasionado e inerme frente al amor de una mujer .
El héroe presenta distintas facetas:
·histórico, casi legendario;
·patriótico;
·sombrío y fatal: el bandido romántico que se rebela contra los hombres y, aun, contra Dios, y se abandona a fuerzas extrañas que lo arrastran al abismo;
·codicioso; sus actos sólo están signados por la ambición de riquezas; el fin justi­fica los medios, aunque trunque con su proceder la felicidad de otros seres menos aventajados que él;
·el viajero desconocido que viene de tierras lejanas y oculta misteriosamente un pasaje de su vida;
·el gaucho, hombre de la tierra, impertérrito,que esgrime su fuerza contra la in­justicia y contra los abusos de la autoridad .
Estos personajes expresan con gestos o actitudes su confusión interior. A veces, son más símbolos que sujetos, pues el escritor los trata desde un punto de vista social.
Otros personajes no alcanzan la envergadura de héroes: el reo de muerte, el verdugo, el sacerdote sacrílego.

7) La familia. Es una característica de los románticos hispanoamericanos evocar la vida del hogar. El regreso al pasado feliz atempera su angustia.

8) La eternidad del amor. El romántico siente un amor pasional, irreflexivo, subli­me, que no pocas veces acaba con la muerte o el alejamiento definitivo del ser amado; o bien, un amor melancólico, soñado, que signa la frustración desde el comienzo. En las obras literarias, adquiere distintas características:
·el amor imposible,
·el amor frustrado,
·el amor posesivo,
·el amor furtivo,
·el amor sacílego,
·el amor maternal,
·el amor ultrajado,
·la traición de amor,
·la muerte del enamorado o de la enamorada,
·la muerte del hijo,
·la locura final de la amante.

9) La mujer. Forma parte de un mundo superior espiritual izado. Es el "ángel" del Romanticismo, un ser celestial. Reúne todos los atributos que la convierten en el ideal que persigue el hombre: buena, de voz dulce, suave, bella, generosa, inocente y llena de virtudes. Él se siente feliz a su lado y desea más su compañía para puri­ficar su espíritu que para satisfacer su pasión.
La mujer romántica sueña con todos los héroes y también con un amor sublime y único. Cuando éste llega, le entrega su alma y sus ojos reflejan el nuevo sentimiento; permanece fiel a ese amor y por él lucha hasta la locura o hasta la muerte.
La antítesis de la mujer-ángel es la mujer-demonio, que aparece con menos fre­cuencia en las obras literarias.

10) Las cartas y las flores. La correspondencia que se envían los enamorados es un lugar común en las páginas románticas, sobre todo cuando los separa la distan­cia y necesitan liberar sus sentimientos. El amor es fuerza que los oprime y los deleita al mismo tiempo. Por eso escriben y, al hacerlo, se confiesan ardorosa­mente. Las flores constituyen el símbolo de ese amor puro.

11) Lo exótico. Hispanoamérica reemplaza el regreso a la Edad Media europea por la evocación de la herencia indígena y de la época colonial. El indio aparece como preocupación del escritor romántico, quien asume su defensa  o lo considera un mal que debe exterminarse. Su entorno exótico lo cautiva. Defendido, idealizado o escarnecido, el indio no surge, sin embargo,' como ideal de vida o de cultura. Lo mismo sucede con el negro. Ambos, en conflicto constante con el blanco, luchan hasta la muerte por su libertad.

12) Lo fantástico o el vuelo hacia las inmensas regiones de la imaginación. La desazón del romántico reside, fundamentalmente, en que la realidad no puede adecuarse a su mundo imaginativo, de ahí que cree esa otra realidad que llamaremos fantástica. Recurre, entonces, a sueños y visiones, a apariciones de seres sobrenaturales, que, en general, presagian la muerte  o algún suceso nefasto para los personajes.

13) Exaltación del yo, única medida y única norma. El carácter eminentemente subjetivo del Romanticismo se trasunta en el uso constante del pronombre de primera persona, que responde, sobre todo, a un anhelo de autoafirmación. El  romántico "es" en el mundo, aunque éste se le oponga. De ahí ese constante  indagar en su interioridad y ese ver todo con los ojos del alma.

14) La vida y la muerte. El anhelo de evasión. Para el romántico, el mundo real  sólo ofrece tristezas y hastío; se refugia, entonces, en la soledad  para soñar con un ideal siempre inalcanzable. Todo es relativo y fugaz, aun la vida. La angustia de vivir halla en la muerte  la paz Iiberadora, el anhelado silencio del reposo definitivo. La vida es, pues, la irrealización, la pérdida constante de esa verdad subjetiva que él esgrime como única; la muerte, la promesa de la luz. Por eso, muchas veces la busca mediante el suicidio o se lanza a los mayores peligros, seguro de perecer. En criptas, grutas y subterráneos , donde sueña descubrir riquezas o vida, encuentra el horror o la muerte. El sueño es el símbolo del hombre que quiere escapar de su existencia terrena y de los límites de su cuerpo. La Iocura se transforma en el supremo recurso y en la verdadera cordura.
Ese estado de profunda depresión desemboca en el llanto y en las confesiones dolorosas, pero las lágrimas no logran mitigar la congoja de su alma.

15) El inexorable destino. El romántico se queja contra el destino y al mismo tiempo, guiado por un sentimiento fatalista, cree en él ciegamente. Sabe que nada podrá cambiar sus designios y se entrega sin ánimo de lucha. Además, piensa  constantemente en el porvenir, pues allí está el oasis de salvación.

16) La religión. La actitud religiosa del romántico responde a su sensibilidad . Anhela comunicarse con Dios sin aspirar, por supuesto, a la unión mística. Cree en su existencia y lo invoca con fervor, pero su fe no parece sólida, de ahí que se hable de un cristianismo básico, no dogmático. Presagios y presentimientos confor­man una atmósfera de superstición que distorsiona el recto concepto religioso y enriquece ese continuo estado de catástrofe que reina en su vida interior.
En general, Dios es sólo un sentimiento, porque el romántico vive desde sus sentimientos; a veces se endiosa y otras se entrega con total sumisión al Ser Divino. No se halla abierto a lo Trascendente. Implora protección, para que Dios trace nuevo rumbo en el camino de su vida, para que lo consuele en el dolor, o bien, se rebela contra Él.

17) El costumbrismo. El romántico trata de exaltar los modos de vivir nacionales, no sólo describe su paisaje, sino también los tipos y costumbres de su país o región, y expresa así lo individual. Los temas costumbristas son:
·lo peculiar de los ambientes;
·lo típico de los personajes;
·la crítica de los malos gobiernos;
·los paisajes;
·los animales.
Esta revalorización de lo popular implica la búsqueda de lo folclórico, un retorno a todo lo que sea creación anónima; de ahí el valor de las leyendas. El gaucho es el personaje por excelencia; con él surge la literatura gauchesca.

EL ARTE DE LOS ROMÁNTICOS
Liberados de los preceptos neoclásicos, los románticos se oponen a la clasificación de los géneros literarios; unen la poesía a la prosa e introducen innovaciones en la métrica y en la combinación de las estrofas. Escriben leyendas, cuentos, tradiciones, libros de  memorias, diarios íntimos, autobiografías, novelas, relatos de viaje, dramas y poemas.

Fuente: AAVV:  Las letras en la América Hispana
Ed. ESTRADA, Bs.As.




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